Límite de Pista
Hidrógeno verde: del PowerPoint al puerto
El hidrógeno verde —producido a partir de energías renovables— se presenta como un vector clave para descarbonizar industrias y sectores de difícil electrificación. Sin embargo, un mar de anuncios públicos y acuerdos millonarios contrasta con la lenta llegada de plantas realmente operativas, altos costos y cuellos de botella tecnológicos que frenan el cumplimiento de los ambiciosos objetivos de 2030.
La brecha entre anuncios y ejecución
El impulso al hidrógeno verde ha sido global: gobiernos y empresas han anunciado proyectos por cientos de miles de millones de dólares y objetivos de gigavatios de capacidad para la próxima década. En España, por ejemplo, se adjudicaron fondos por más de 1.200 millones de euros para proyectos que suman unos 4 GW de capacidad, un tercio de la meta nacional de 12 GW al 2030.
Sin embargo, el avance real es modesto. Un análisis global encontró que apenas una fracción marginal de la capacidad anunciada está operativa: de 4,3 GW anunciados en 2023 solo alrededor de 0,3 GW producía hidrógeno efectivamente, es decir, menos del 10 % del plan inicial.
Los desafíos tecnológicos y de infraestructura
El problema no es solo voluntad política, sino barreras tecnológicas y de infraestructura. La producción de hidrógeno verde depende de electrolizadores de gran escala, cuyo ensamblaje enfrenta largos tiempos de espera, a menudo de 18 a 24 meses, y cuellos de botella en la fabricación de componentes clave.
Además, el almacenamiento y transporte del hidrógeno sigue siendo costoso y complicado: requiere redes de tuberías especializadas, estaciones de repostaje y soluciones seguras para manipular un gas altamente inflamable. La infraestructura existente es insuficiente para escalar la producción a niveles comerciales masivos sin inversiones multimillonarias adicionales.
El factor costes: el gran obstáculo económico
Uno de los cuellos de botella más importantes es el costo de producción. Hoy, producir hidrógeno verde puede costar entre USD 3,7 y más de USD 10 por kilogramo, frente a un hidrógeno gris (producido con gas natural) que ronda entre USD 1,1 y USD 2,3/kg.
A pesar de que se proyecta una caída de precios de entre 60 % y 80 % hacia 2030, la brecha de costos con combustibles fósiles aún limita la competitividad comercial sin subsidios o incentivos fiscales robustos.
¿Hay luces al final del túnel?
Aun con estas dificultades, hay avances concretos: proyectos como el Neom Green Hydrogen Project en Arabia Saudita, con una inversión de USD 8,4 mil millones y una capacidad planificada para entrar en operación en 2026, buscan demostrar que es posible transformar la promesa en realidad industrial.
Además, organismos internacionales y gobiernos buscan alinear políticas, financiamiento y marcos regulatorios para acelerar inversiones y reducir incertidumbres. El objetivo es que para 2030 el hidrógeno verde sea competitivo, especialmente en sectores donde la electrificación directa no es viable, como el transporte pesado, la industria química o el transporte marítimo y aéreo.
Conclusión: entre esperanza y realidad
El hidrógeno verde sigue siendo una pieza esencial en la transición energética global, pero para pasar del papel al puerto requiere más que titulares y planes ambiciosos: exige una combinación de innovación tecnológica, inversiones sostenidas y marcos de políticas claras. El camino es largo, y cada tonelada producida hoy es un paso importante, pero la verdadera carrera apenas comienza.
