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Tulio Crespi, el hombre que convirtió su pasión por los fierros y revolucionó el automovilismo argentino

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Quién fue Tulio Crespi, el hombre que convirtió su pasión por los fierros y revolucionó el automovilismo argentino

A los 88 años murió uno de los grandes referentes del automovilismo argentino. Constructor, diseñador, piloto y verdadero artesano de los fierros, dejó una huella imborrable con sus autos, desde el Tulia 1 hasta el recordado Petiso-Torino.

Quién fue Tulio Crespi, el hombre que convirtió su pasión por los fierros y revolucionó el automovilismo argentino
Quién fue Tulio Crespi, el hombre que convirtió su pasión por los fierros y revolucionó el automovilismo argentino

A los 88 años murió uno de los grandes constructores de la historia del automovilismo nacional. Desde aquel Tulia 1 con el que debutó y ganó en 1963 hasta los miles de autos que salieron de su fábrica en Balcarce, Crespi armó una trayectoria marcada por la creatividad, el trabajo artesanal y una pasión que atravesó más de seis décadas.

Leer además: La carta que dejó Tulio Crespi para su muerte: "Me tocó largar mi última carrera"

Tulio Crespi fue mucho más que un constructor de autos de competición. Fue un hombre que hizo de los fierros una forma de vida y que logró convertir un pequeño taller del barrio porteño de Chacarita en una fábrica reconocida dentro y fuera de la Argentina. Falleció a los 88 años y dejó detrás una historia inseparable del automovilismo argentino.

Su relación con los autos empezó desde muy chico. Según reconstrucciones de su propia familia, su hermano Humberto “Nenín” fue quien lo acercó al mundo de las carreras. Tulio empezó a trabajar siendo adolescente y, con curiosidad y capacidad para aprender, fue desarrollando una pasión que con el tiempo terminaría convirtiéndose en su profesión. En 1961 instaló su primer taller en Palermo Viejo y poco después comenzaría a construir sus propios vehículos.

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El gran comienzo llegó en 1963. Crespi tomó como inspiración un pequeño NSU y tomó la determinación de fabricar un monoposto. Así nació el Tulia 1, su primera gran creación. Pero la historia tuvo un detalle que terminaría definiendo buena parte de su personalidad: no solamente construyó el auto, sino que también lo manejó

El 22 de marzo de 1963, en el entonces Autódromo "General San Martín", Tulio Crespi hizo su debut como piloto y ganó con aquel auto que había armado en su propio taller. El resultado fue mucho más que una victoria: significó el comienzo de una trayectoria en la que construcción y competición quedarían prácticamente unidas para siempre.

A partir de allí llegaron los monopostos, las categorías nacionales y una enorme cantidad de proyectos. Crespi desarrolló autos para distintas divisionales y sus chasis se transformaron en protagonistas de las divisionales de fórmula en nuestro país. Durante décadas estuvo vinculado especialmente a la Fórmula Renault, categoría en la que sus creaciones tuvieron una presencia determinante y por la que pasaron diferentes generaciones de pilotos.

Pero si hubo un auto que ayudó a convertir a Tulio Crespi en un personaje reconocido incluso por fuera del ambiente de los monopostos, fue el Petiso. La historia nació de un accidente. En 1967, Nasif Estéfano sufrió un fuerte golpe con su Torino de Turismo Carretera y el auto quedó prácticamente destruido. Los restos llegaron al taller de Crespi, que recibió el desafío de reconstruirlo. En lugar de limitarse a reparar el vehículo, Tulio modificó profundamente su carrocería: lo hizo más corto, más bajo y cambió la caída del techo hacia la parte trasera.

El resultado fue un Torino completamente diferente, de aspecto agresivo y líneas particulares. Por sus dimensiones y su nueva silueta recibió el apodo de “Petiso”, un sobrenombre que quedó para siempre asociada a una de las creaciones más recordadas de Crespi.

Leer además: El día que Tulio Crespi debutó y ganó con el Tulia 1

Aquella creación también derivó en los autos de calle Tulia GT y Tulieta GT, dos proyectos que mostraron que la imaginación de Crespi no estaba limitada a las pistas. Incluso llegó a presentar sus vehículos en el Salón del Automóvil de París de 1976, una muestra del alcance que habían adquirido sus diseños.

En los '80, por recomendación de Juan Manuel Fangio, Crespi trasladó su actividad a Balcarce, la ciudad identificada con el quíntuple campeón mundial. Allí instaló la fábrica que terminaría transformándose en la casa de sus principales proyectos. Desde ese lugar, sobre la Ruta 226, continuó construyendo chasis, monopostos y distintos vehículos de competición.

Balcarce no fue simplemente un lugar de trabajo. Fue la ciudad que Crespi eligió para radicarse, formar su familia y desarrollar gran parte de su vida. Allí también comenzó a construirse el legado familiar. Sus hijos se sumaron al proyecto y continuaron vinculados al diseño, la fabricación y la gestión de la empresa. Para 2024, la familia contabilizaba más de 2.000 autos construidos a lo largo de la historia de Crespi Competición.

La historia de Tulio también atravesó al Turismo Carretera, al TC2000 y a numerosas categorías de monopostos. Sus autos tuvieron al volante diferentes generaciones de pilotos y su nombre quedó asociado a una manera artesanal de construir vehículos de carrera. En tiempos en los que la tecnología y la electrónica fueron ganando cada vez más protagonismo, Crespi conservó una filosofía basada en el conocimiento del auto, la creatividad y el trabajo manual.

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Esa condición de artesano de los fierros fue, probablemente, una de las características que mejor lo definió. En una entrevista, Crespi explicó que muchos de sus proyectos nacían a partir de una idea que luego buscaba convertir en realidad. Esa capacidad para imaginar soluciones y construirlas con sus propias manos fue una constante a lo largo de su trayectoria.

Incluso en los últimos años de su vida continuó trabajando. Uno de sus proyectos fue la construcción de réplicas de autos de Fórmula 1 para la serie Senna. En su fábrica de Balcarce, junto con sus hijos, participó en la realización de 22 prototipos que recrearon distintos vehículos utilizados por Ayrton Senna y otros protagonistas de la máxima categoría.

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Pero quizá la mejor manera de entender quién fue Tulio Crespi sea escuchar sus propias palabras. Antes de morir dejó una carta en la que pidió que no lo recordaran por su enfermedad, sino por la manera en que había vivido. Allí se definió como “un laburante del fierro” y “un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo”. También agradeció a su familia, a sus empleados, a sus proveedores y a los pilotos que confiaron en sus autos.

“Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé”, escribió. Esa frase resume buena parte de su historia. Porque Crespi no solamente construyó autos: construyó una identidad dentro del automovilismo argentino.

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