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Salud y bienestar: ¿Por qué el cuidado de la piel en la playa no es negociable?

Más allá de evitar la quemadura inmediata, proteger la dermis frente al mar es una inversión en salud a largo plazo. Claves para disfrutar sin riesgos.

Salud y bienestar: ¿Por qué el cuidado de la piel en la playa no es negociable?
Salud y bienestar: ¿Por qué el cuidado de la piel en la playa no es negociable?

Llegaron las vacaciones y, con ellas, el ansiado ritual de instalarse frente al mar. Sin embargo, lo que para muchos es un momento de relax absoluto, para nuestra piel representa un estado de alerta máxima. La exposición prolongada al sol en entornos costeros no es igual a la de la ciudad: la arena refleja hasta un 15% de la radiación UV y el agua actúa como un espejo, intensificando el impacto de los rayos sobre nuestro cuerpo.

El enemigo invisible: Radiación UVA y UVB

Cuando hablamos de protección solar, solemos enfocarnos en evitar el "ponerse rojo". Pero el daño es mucho más profundo. La radiación se divide principalmente en dos tipos que debemos combatir:

  • Rayos UVB: Son los responsables de las quemaduras solares directas y el daño inmediato en la epidermis.

  • Rayos UVA: Penetran en las capas más profundas, causando el envejecimiento prematuro (manchas y arrugas) y daños en el ADN celular que pueden derivar en enfermedades graves.

La importancia del protector solar con un FPS (Factor de Protección Solar) de 30 o superior radica en que funciona como un escudo químico o físico que absorbe o dispersa estas radiaciones antes de que causen estragos.

El decálogo del buen veraneante

Para que la estadía en la playa no pase factura, los dermatólogos coinciden en una serie de reglas de oro que van más allá del simple frasco de crema:

  1. La regla de los 30 minutos: El protector debe aplicarse sobre la piel seca media hora antes de pisar la arena. Esto permite que los filtros se asienten y comiencen a actuar.

  2. La renovación constante: No existe el protector "para todo el día". El sudor, el roce con la toalla y los chapuzones degradan el producto. Es vital reaplicar cada dos horas.

  3. Zonas olvidadas: Las orejas, el empeine de los pies, la nuca y el cuero cabelludo (especialmente en personas con poco pelo) suelen ser las áreas que más sufren por omisión.

  4. Hidratación interna: El sol y el salitre deshidratan el organismo. Beber agua constantemente ayuda a que la piel mantenga su elasticidad y capacidad de recuperación.

El mito del bronceado "saludable"

Es hora de derribar un concepto peligroso: no existe el bronceado saludable. El cambio de color en la piel es, en realidad, un mecanismo de defensa; la piel produce melanina para intentar protegerse de una agresión. Si bien la vitamina D es necesaria y se sintetiza a través del sol, bastan 10 o 15 minutos de exposición diaria en horarios seguros para obtenerla.

El cuidado post-playa

La rutina no termina cuando guardamos la sombrilla. Al regresar, es fundamental una ducha con agua dulce para eliminar el salitre y el cloro, seguida de una generosa capa de crema hidratante o productos after-sun con componentes calmantes como el aloe vera o la caléndula. Esto ayuda a reparar la barrera cutánea y calmar la inflamación invisible.

Cuidar la piel en la playa no es una cuestión de estética, sino de prevención sanitaria. Disfrutar del aire libre es vital para nuestro bienestar mental, pero hacerlo con conciencia asegura que los recuerdos de las vacaciones sean solo alegrías y no manchas o visitas inesperadas al médico.

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