Fórmula 1
Charlie Menditéguy, el piloto argentino que dejó la Fórmula 1 por Brigitte Bardot
En el día del fallecimiento de Brigitte Bardot, recordamos una de las historias menos conocidas del automovilismo: la de Carlos Alberto Menditéguy, piloto argentino de Fórmula 1 en los años 50, cuya decisión personal tuvo consecuencias directas en su carrera deportiva.
En el día del fallecimiento de Brigitte Bardot, una de las mayores estrellas del cine mundial, vuelve a tomar relevancia una de las historias más singulares del automovilismo internacional, aquella que tuvo como protagonista a un piloto argentino de talento excepcional: Carlos Alberto “Charlie” Menditéguy.
Menditéguy fue un personaje irrepetible del deporte argentino. Dueño de un talento natural poco común, se destacó en múltiples disciplinas, pero en el automovilismo llegó a competir en el máximo nivel mundial, en una época en la que la Fórmula 1 todavía tenía aroma a aventura, glamour y riesgo. Su nombre quedó grabado en la historia grande no solo por lo que hizo dentro de las pistas, sino también por una anécdota que trascendió al deporte y lo vinculó nada menos que con Bardot, un episodio que terminaría marcando su carrera deportiva.
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Menditéguy debutó en la Fórmula 1 a mediados de los años 50 y disputó un total de 11 Grandes Premios. Compitió con Maserati y fue contemporáneo y compañero ocasional de Juan Manuel Fangio, quien siempre destacó su talento natural al volante. De hecho, el quíntuple campeón llegó a asegurar que, de habérselo propuesto seriamente, Menditéguy tenía condiciones para ser campeón del mundo.
En 1957 logró su mejor resultado en la categoría al terminar segundo en el Gran Premio de Alemania, un podio que confirmó que no era solo un “aficionado con dinero”, sino un piloto rápido, valiente y competitivo frente a la élite mundial. En paralelo, en la Argentina era figura del Turismo Carretera, donde también supo ganar y destacarse, reforzando su imagen de deportista completo y piloto de jerarquía.
Pero su carrera en la Fórmula 1 tuvo un punto de quiebre inesperado. Durante el Gran Premio de Mónaco de 1956, Brigitte Bardot —ya convertida en una de las mujeres más famosas y deseadas del mundo— invitó a cenar a Fangio y a Menditéguy. El quíntuple campeón declinó la invitación. Charlie aceptó.
La cena se transformó en varios días en Saint-Tropez. El problema fue que Menditéguy se ausentó de compromisos deportivos clave y Maserati tomó una decisión terminante: prescindir de sus servicios. Según la leyenda, cuando le preguntaron si se arrepentía, su respuesta fue tan simple como contundente: no era una oportunidad que pudiera dejar pasar.
Ese episodio selló su imagen para siempre. Menditéguy pasó a ser el piloto que eligió a Bardot por sobre la Fórmula 1, un gesto que hoy parece imposible en un automovilismo profesionalizado, pero que en aquel tiempo reflejaba una época distinta, más libre y romántica.Tras alejarse de la F1, continuó ligado al automovilismo y al deporte, aunque nunca volvió a tener una oportunidad sostenida en la máxima categoría. Con los años, su figura se transformó en leyenda, símbolo de un tiempo en el que los pilotos eran personajes, aventureros y estrellas tanto dentro como fuera de la pista.
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