Opinión
Franco Colapinto y Pierre Gasly, cuando tu compañero se convierte en tu peor rival
Lo ocurrido en Madrid expuso una de las verdades más viejas de la Fórmula 1: por más abrazos y buena relación que existan fuera de la pista, el primer rival siempre está en el otro lado del box. Colapinto ya no corre para alcanzar a Gasly. Ahora también lo obliga a defender su lugar.
- Franco Colapinto y Pierre Gasly, cuando tu compañero se convierte en tu peor rival
-
F1: la historia detrás de la bandera que recibió Colapinto en Madrid
-
F1: ¿Cómo quedó Alpine en el campeonato de constructores?
-
F1: Colapinto sorprendió en Madring: la explicación al detalle detrás de su gran clasificación
Las redes sociales de los equipos de Fórmula 1 suelen mostrar una versión bastante amable de la convivencia entre sus pilotos. Hay fotos juntos, bromas, desafíos, festejos compartidos y abrazos cuando alguno consigue un buen resultado. Alpine no escapa a esa lógica. Después de Monza y Madrid publicó imágenes de Pierre Gasly y Franco Colapinto juntos, incluso abrazados tras la pole del francés en Italia, acompañadas por un mensaje sobre dos semanas muy productivas para el equipo.
Leer además: F1: ¿Cómo quedó Alpine en el campeonato de constructores?
No hay razones para pensar que esa buena relación sea falsa. El problema es que una cosa es lo que pasa fuera del auto y otra bastante distinta lo que ocurre cuando empieza la carrera. Porque un compañero de equipo tiene algo que ningún otro rival puede ofrecer: maneja el mismo auto. Y por eso también es la medida más incómoda.
Todo piloto quiere ganarle a los otros 21, claro. Pero primero quiere ganarle al que está sentado en el otro lado del box. Lo que ocurrió sobre el final del Gran Premio de España volvió a dejarlo bastante claro.
Gasly estaba haciendo una carrera complicada. Alpine había estirado muchísimo su stint esperando una nueva neutralización que le permitiera hacer la parada perdiendo menos tiempo. Apostaron a que apareciera un segundo Virtual Safety Car y no apareció.
Colapinto, mientras tanto, estaba en otra pelea. Había largado noveno, estaba séptimo y tenía a Oscar Piastri acercándose desde atrás. Cuando llegó hasta Gasly, Franco pidió por radio que no lo hicieran perder tiempo. No era un capricho. Estaba defendiendo una posición y cada décima que dejaba detrás del otro Alpine acercaba un poco más al McLaren. El equipo demoró en resolver la situación y Colapinto volvió a reclamar.
Del otro lado tampoco había demasiada tranquilidad. Gasly estaba fastidiado por cómo se había desarrollado su carrera y cuando su ingeniero le avisó que tuviera cuidado con Franco detrás respondió con ese “¡Ni siquiera me hables!” que después terminó recorriendo las redes. Es fácil quedarse con esa frase. También es fácil enojarse con Gasly. Desde la Argentina, muchísimo más. Pero tal vez lo interesante sea tratar de entender qué había detrás de esa reacción.
Gasly veía cómo una carrera que no había salido como esperaba terminaba de escaparse. Y mientras eso ocurría tenía detrás justamente a su compañero, que había sido claramente más competitivo durante buena parte del fin de semana. Eso no debe ser agradable para ningún piloto. Menos todavía para uno que durante bastante tiempo fue la referencia natural del equipo.
Madrid, además, tenía una particularidad que hace más significativa la comparación. Era un circuito nuevo. Ninguno llegaba con años de experiencia allí, ni con un historial de carreras que pudiera explicar por qué uno se adaptaba mejor que el otro. Había que aprenderlo. Y Colapinto lo hizo mejor.
Eso tampoco significa que Gasly haya dejado de ser un gran piloto o que Franco se haya convertido definitivamente en la referencia de Alpine. La Fórmula 1 cambia demasiado de un fin de semana al siguiente como para sacar semejante conclusión por una carrera.
Pero sí parece evidente que la relación deportiva entre ambos está entrando en otra etapa. Colapinto ya no es solamente el joven que intenta acercarse al piloto experimentado. Ahora puede ganarle. Y ahí la relación entre compañeros empieza a cambiar inevitablemente. No necesariamente porque se lleven peor. Simplemente porque hay más cosas en juego.
Leer además: F1: The Race elogió a Franco Colapinto tras el GP de España
A veces desde afuera cuesta entender esa contradicción. Los equipos hablan permanentemente de trabajar juntos, sumar puntos para el campeonato de constructores y anteponer los intereses de la escudería. Todo eso es cierto. Pero después se contratan pilotos que llegaron hasta la Fórmula 1 precisamente porque nunca aceptaron demasiado bien perder.
Es difícil pedirles que apaguen ese instinto cuando la situación lo requiere. La historia de la categoría está llena de ejemplos muchísimo más extremos. Y tampoco hace falta ir demasiado lejos para encontrar nuestras propias contradicciones como espectadores.
Colapinto ha cumplido muchas veces las órdenes que recibió desde el muro. Incluso en situaciones en las que probablemente hubiera preferido hacer otra cosa. Pero también hubo momentos, especialmente durante 2025, en los que mostró su fastidio o decidió plantarse frente a alguna indicación del equipo. ¿Y qué dijimos desde acá? Que tenía personalidad. Que estaba marcando territorio. Que no debía dejarse pasar por encima. Que un piloto de Fórmula 1 tenía que tener ese carácter. Seguramente había algo de verdad en todo eso.
Pero entonces también hay que aceptar que Gasly puede sentir exactamente lo mismo. La rebeldía suele gustarnos bastante más cuando viene del auto que queremos que termine adelante.
Eso no significa justificar cualquier actitud. Alpine debía cuidar la carrera de Colapinto porque en ese momento era el piloto que estaba en condiciones de sumar puntos y Gasly ya estaba condicionado por una estrategia que no había funcionado. Desde el punto de vista del equipo, no había demasiada discusión.
Pero una cosa es lo que resulta lógico mirando las pantallas desde el muro y otra lo que siente un piloto adentro del auto mientras ve cómo su fin de semana se desarma. Ahí aparecen el orgullo, la frustración y también esa competencia interna que nunca desaparece.
Después de la carrera volverán las fotos, las reuniones técnicas, los eventos y probablemente también las bromas entre los dos. Y puede haber buena relación de verdad. Una cosa no invalida la otra.
Ayrton Senna y Alain Prost llevaron esa rivalidad hasta lugares imposibles. Lewis Hamilton y Nico Rosberg fueron amigos desde chicos hasta que tuvieron un Mercedes capaz de ganar el campeonato. Sebastian Vettel y Mark Webber también demostraron alguna vez que las órdenes de equipo duran exactamente hasta que uno decide ignorarlas. Gasly y Colapinto están lejísimos de semejante nivel de conflicto. Por ahora, al menos.
Lo de Madrid fue algo mucho más pequeño. Pero sirvió para recordar cómo funciona este deporte. Un compañero puede ayudarte con una puesta a punto, compartir información, festejar una pole tuya y hasta darte un abrazo sincero cuando te va bien.
El domingo, sin embargo, también quiere terminar delante tuyo. Y probablemente deba quererlo. Porque si algún día deja de importarle, seguramente tampoco sea el piloto que un equipo de Fórmula 1 necesita. El desafío está en saber hasta dónde llevar esa pelea. Colapinto tendrá que aprenderlo. Gasly también.
Y Alpine tendrá que administrar una situación que puede empezar a repetirse cada vez más seguido si Franco mantiene el nivel que mostró en Madrid. Eso, en definitiva, quizás sea la mejor noticia para el argentino.
Durante mucho tiempo la discusión fue si podía estar a la altura de Gasly. Ahora empieza otra. Qué pasa cuando Gasly tiene que preocuparse por estar a la altura de Colapinto.