Límite de Pista
Movilidad eléctrica en Sudamérica: entre incentivos fiscales y la deuda de infraestructura
Brasil y Colombia lideran la transición hacia la movilidad eléctrica en la región, impulsados por beneficios impositivos y metas ambientales. Sin embargo, la expansión del parque eléctrico convive con una red de carga insuficiente y una creciente dependencia de vehículos importados desde China.
Brasil: industria automotriz y transición gradual
Brasil, mayor mercado automotor de América Latina, incorporó la movilidad eléctrica dentro de su estrategia industrial. El programa federal de incentivos —reformulado en 2023 bajo el esquema “Mover”— promueve eficiencia energética y producción local de tecnologías limpias.
Según la Associação Nacional dos Fabricantes de Veículos Automotores (ANFAVEA), las ventas de vehículos electrificados —que incluyen híbridos y eléctricos puros— superaron las 90.000 unidades en 2023, con crecimiento sostenido en 2024. No obstante, los eléctricos 100% a batería (BEV) representan todavía una porción menor del total.
El desafío brasileño es doble: por un lado, atraer inversiones para fabricar baterías y componentes localmente; por otro, evitar que la transición quede dominada por importaciones asiáticas. Marcas chinas como BYD expandieron su presencia y anunciaron plantas industriales en el país, lo que podría redefinir la cadena de valor regional.
En infraestructura, Brasil cuenta con más de 3.000 puntos públicos de recarga, concentrados en el sudeste. La extensión territorial y la desigualdad regional siguen siendo obstáculos para una adopción masiva.
Colombia: incentivos tributarios y liderazgo en buses eléctricos
Colombia adoptó un enfoque más agresivo en incentivos. La Ley 1964 establece descuentos en aranceles, reducción de IVA y beneficios en circulación para vehículos eléctricos. Como resultado, el país se convirtió en uno de los mayores mercados de buses eléctricos fuera de China.
Ciudades como Bogotá incorporaron más de 1.400 buses eléctricos a su sistema de transporte público, posicionando al país como referente regional en electromovilidad urbana.
La Asociación Nacional de Movilidad Sostenible reportó que en 2024 las ventas de vehículos eléctricos crecieron más del 30% interanual. Sin embargo, al igual que en Brasil, la mayoría de las unidades proviene de fabricantes chinos, especialmente BYD.
Infraestructura: el cuello de botella
El crecimiento del parque eléctrico no siempre está acompañado por la expansión de redes de carga. En Colombia, la cobertura se concentra en Bogotá, Medellín y Cali, mientras que corredores interurbanos presentan vacíos significativos.
La Agencia Internacional de Energía estima que para sostener la adopción se requiere al menos un cargador público cada 10 a 15 vehículos eléctricos en circulación. En ambos países, esa proporción aún está lejos de cumplirse.
Además, la capacidad de las redes eléctricas plantea interrogantes sobre picos de demanda y planificación energética de largo plazo.
Producción local vs. dependencia externa
La transición eléctrica abre oportunidades industriales. Brasil apuesta a reconvertir su histórico complejo automotor hacia modelos híbridos flex y eléctricos, mientras Colombia busca atraer ensamblaje regional.
Sin embargo, China domina más del 70% de la producción mundial de baterías de ion-litio, lo que condiciona la autonomía industrial sudamericana. La integración vertical —desde litio hasta ensamblaje— aparece como meta estratégica, aunque aún incipiente.
Conclusión
Brasil y Colombia avanzan en movilidad eléctrica con incentivos claros y crecimiento sostenido en ventas. Pero la transición enfrenta límites estructurales: infraestructura insuficiente y fuerte dependencia de importaciones chinas.
La próxima etapa exigirá inversión en redes de carga, planificación energética y desarrollo industrial propio. Solo así la movilidad eléctrica dejará de ser una política de incentivos para convertirse en una estrategia integral de transformación productiva y ambiental.
