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Blockchain y carbono: ¿transparencia o greenwashing digital?
La tecnología blockchain promete registrar, certificar y rastrear créditos de carbono de forma inalterable. Empresas, gobiernos y startups la presentan como una solución a la falta de confianza en los mercados de compensación. Sin embargo, especialistas advierten que la tecnología por sí sola no garantiza impacto climático real.
La crisis de credibilidad de los mercados de carbono abrió la puerta a una nueva promesa tecnológica: usar blockchain para certificar emisiones y compensaciones. La idea es simple en apariencia. Si cada crédito de carbono queda registrado en una cadena de bloques pública e inmodificable, se reducirían fraudes, dobles conteos y operaciones opacas. Pero la realidad es más compleja.
Los mercados voluntarios de carbono movilizaron más de 2.000 millones de dólares en 2023, según datos del Ecosystem Marketplace, y crecieron impulsados por empresas que buscan compensar sus emisiones. En ese contexto, blockchain aparece como una herramienta para restaurar la confianza perdida.
Cómo funciona el carbono en la cadena de bloques
En los sistemas basados en blockchain, cada crédito de carbono se representa como un token digital que certifica la reducción o captura de una tonelada de CO₂ equivalente. Plataformas como Toucan, KlimaDAO o Verra —uno de los mayores certificadores globales— experimentan con registros distribuidos para evitar que un mismo crédito se venda o use más de una vez.
La ventaja técnica es clara: trazabilidad completa, desde el proyecto que genera el crédito —por ejemplo, reforestación o energías renovables— hasta la empresa que lo utiliza para compensar emisiones. Todo queda registrado y puede ser auditado públicamente.
Transparencia tecnológica, impacto ambiental incierto
El problema no está en la cadena de bloques, sino en lo que se carga en ella. Si un proyecto de compensación no logra reducciones reales, adicionales y permanentes de emisiones, blockchain solo registra un dato cuestionable con mayor sofisticación.
Investigaciones publicadas por medios como The Guardian y estudios académicos han señalado que una parte significativa de los créditos de carbono forestales sobreestima su impacto real. En esos casos, la tecnología no corrige el problema de fondo: la calidad metodológica de los proyectos.
Expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) coinciden en que las compensaciones deben ser el último recurso, después de reducir emisiones directas. La digitalización, advierten, no reemplaza una mala base científica.
Huella digital y consumo energético
Otro punto crítico es el impacto ambiental de la propia tecnología. Si bien muchas plataformas utilizan blockchains de bajo consumo energético, el debate persiste. Redes basadas en prueba de trabajo, como Bitcoin, fueron duramente cuestionadas por su alto gasto energético, aunque hoy la mayoría de los proyectos de carbono migran a sistemas más eficientes.
Aun así, especialistas señalan que no tiene sentido compensar emisiones utilizando infraestructuras digitales que también las generan, si no hay una medición clara del balance final.
¿Herramienta útil o greenwashing digital?
El consenso emergente es que blockchain puede ser una herramienta valiosa, pero no una solución mágica. Aporta transparencia, reduce intermediarios y mejora la trazabilidad, pero no garantiza integridad ambiental. Sin regulaciones claras, estándares comunes y auditorías independientes, el riesgo de greenwashing digital sigue latente.
Para bancos, empresas y fondos de inversión, la clave no está solo en adoptar tecnología de punta, sino en asegurarse de que cada token represente una reducción real y verificable. En la carrera por descarbonizar la economía, la confianza no se programa: se construye con datos sólidos, reglas claras y responsabilidad climática.