Límite de Pista
Cables submarinos y soberanía digital: quién controla las autopistas invisibles de Sudamérica
Más del 95% del tráfico global de datos viaja por cables submarinos. En Sudamérica, nuevas rutas hacia Estados Unidos, Europa y Asia redefinen la conectividad regional, mientras gigantes tecnológicos como Google, Microsoft y Meta se consolidan como actores centrales de una infraestructura crítica que antes era dominio casi exclusivo de las telecomunicaciones.
La infraestructura que sostiene Internet
Aunque el imaginario popular asocia Internet con satélites, la realidad es otra: los cables submarinos transportan casi la totalidad del tráfico intercontinental. Según la International Telecommunication Union, estos sistemas constituyen la columna vertebral de la economía digital global.
En América del Sur, históricamente la conectividad dependió de rutas hacia Estados Unidos, especialmente a través de Florida. Sin embargo, en los últimos años se desplegaron nuevas conexiones que buscan diversificar trayectos y reducir latencias.
Un ejemplo es el cable Firmina, impulsado por Google, que conecta la costa este de Estados Unidos con Brasil, Uruguay y Argentina. También destaca el sistema EllaLink, que une directamente Brasil con Portugal, reduciendo la dependencia de rutas norteamericanas y mejorando la latencia hacia Europa.
Hyperscalers: de usuarios a dueños de la red
Tradicionalmente, los cables eran financiados por consorcios de empresas de telecomunicaciones. Hoy, los grandes proveedores de servicios en la nube —conocidos como hyperscalers— son protagonistas.
Microsoft participa en proyectos de conectividad global asociados a sus centros de datos en Brasil y Chile, mientras que Meta integra consorcios internacionales como 2Africa, uno de los cables más extensos del mundo.
Este cambio responde a una lógica económica: compañías que concentran servicios en la nube, inteligencia artificial y plataformas sociales necesitan controlar capacidad, redundancia y seguridad en el transporte de datos. Al invertir directamente, reducen costos operativos y dependencia de terceros.
Brasil y Chile, nodos estratégicos
Brasil se consolidó como principal hub digital sudamericano. Con múltiples puntos de amarre en Fortaleza y Río de Janeiro, el país concentra la mayor cantidad de cables activos en la región. Chile, por su parte, impulsa proyectos para transformarse en puerta de entrada hacia Asia-Pacífico, con iniciativas de cable transpacífico hacia Oceanía.
Este reposicionamiento geográfico tiene implicancias estratégicas: la diversificación de rutas reduce vulnerabilidades ante cortes accidentales o sabotajes, un riesgo creciente en un contexto global de tensiones geopolíticas.
Soberanía digital y dependencia tecnológica
El avance de los hyperscalers abre un debate: ¿aumenta o reduce la soberanía digital regional? Por un lado, más cables implican mayor resiliencia y competitividad. Por otro, la infraestructura crítica queda en manos de corporaciones extranjeras cuya lógica responde a intereses comerciales globales.
Especialistas en gobernanza digital advierten que, si bien los Estados mantienen regulación sobre puntos de amarre y espectro, la propiedad y operación de los sistemas condiciona flujos de datos, costos y estándares tecnológicos.
La soberanía digital no depende solo de leyes de protección de datos o localización de servidores. También implica capacidad de decisión sobre las autopistas invisibles que transportan información financiera, gubernamental y estratégica.
Conclusión
Sudamérica vive una expansión sin precedentes de su infraestructura submarina. Nuevas rutas hacia Norteamérica, Europa y Asia fortalecen la conectividad y reducen latencias, pero consolidan el peso de actores como Google, Microsoft y Meta en una infraestructura esencial. La pregunta ya no es solo cuántos cables llegan a la región, sino quién los controla y bajo qué reglas se gobierna el flujo de datos que sostiene la economía digital del siglo XXI.
