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El auto de Fórmula 1 argentino: el proyecto de Oreste Berta que casi compite en el GP de Argentina
Un problema de fiabilidad frustró el sueño de Oreste Berta de poner un monoplaza argentino en la Fórmula 1, aunque esto no quita la proeza técnica que demostró su capacidad para crear autos de élite internacional.
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El vínculo de Argentina con la Fórmula 1 existe prácticamente desde que se creó la categoría. La bandera albiceleste figura en las planillas de la “Máxima” ya desde aquella participación de Juan Manuel Fangio en Silverstone 1950, evento que por aquel entonces recibía el nombre de “Gran Premio de Europa”.
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Apenas un año más tarde llegó José Froilán González para darle a Ferrari su primera victoria en ese mismo escenario y agigantar el legado del país dentro de la categoría reina del automovilismo mundial, aunque todavía faltaban las cinco coronas del “Chueco”, como así también la llegada de Reutemann, Tuero, Fontana y otros tantos exponentes de una lista que hoy continúa con Franco Colapinto en Alpine.
Sin embargo, hubo una oportunidad en la que la bandera argentina estuvo cerca de figurar en la pista de una manera diferente: no con un piloto al volante, sino con un auto, uno 100% “Made in Argentina”.
Corría el año 1974 y el gran Oreste Berta acababa de recuperar un monoplaza que había diseñado hacía dos años atrás con el objetivo de hacerlo competir en la Fórmula 5000, un proyecto que al final se frustró producto de la mala relación que se formó con Francisco Mir, su multimillonario compatriota encargado de financiar la movida en Estados Unidos, incluyendo la fabricación necesaria, la mano de obra correspondiente y hasta un motor Chevrolet-Boltof de entrenamiento.

Cuando regresó al país (con intervención del consulado argentino mediante porque Mir no quería devolver el auto), el “Mago” de Alta Gracia quiso que ese mismo monoposto corra en los Grandes Premios de Argentina y Brasil de la F1 1975 con el objetivo de “situar a Argentina en el mundo”, por lo que le adaptó un motor Berta V8, cambió la geometría de las suspensiones y lo bautizó como el Berta LR F1. El LR en el nombre corresponde al diario La Razón, cuyo dueño Patricio Peralta Ramos ayudó a Berta a fabricar su auto para el mundial de Sport Prototipos de 1970.
Apenas una semana antes de la primera gran cita, Berta y su piloto Nestor Jesús García Veiga se trasladaron al autódromo “Oscar y Juan Gálvez” de Buenos Aires para probar la invención, con un motor que llegó a 400 caballos cuando en realidad eran necesarios al menos 50 más para empezar a hablar. En su intento por resolver este problema, diversos inconvenientes llevaron a la fundición de la planta motriz.
El motivo del mismo resultó indescifrable para el histórico desarrollista santafesino, pese a que probó con cambios de aceite y algunos otros métodos. Hasta solicitó un juego de pistones a Estados Unidos que increíblemente no superaron la barrera de los 360 CV. Por ende, retornó a los antiguos pistones nacionales y, en el intento de lograr la potencia adecuada, lo único que conseguía era fundirlos sistemáticamente, de manera tal que cuatro de los seis motores que poseía terminaron completamente destrozados.

Sin ánimos de seguir arriesgando plantas impulsoras y al borde de tirar la toalla, recibió una propuesta por parte de los hermanos Emmerson y Wilson Fittipaldi, quienes le ofrecieron un motor Cosworth con la única condición de devolverlo en correcto funcionamiento una vez terminada la participación en las dos contiendas sudamericanas.
“Cuando analicé a conciencia el compromiso que tomaba, me di cuenta de que no contaba con los fondos necesarios para asegurar el cumplimiento de la promesa por si debía reponerlo en caso de una rotura”, admitió Berta años más tarde en diálogo con el sitio Infobae.
Si bien parecía que el anhelo no iba a cumplirse, recibió un inresperado llamado de un empresario de larga trayectoria en el sector automotor llamado Arturo Scalise. Este le pagó un pasaje a Oreste y se reunió con él en Buenos Aires. Le dijo que hizo un trato con su esposa. “Ambos tenían unos ahorros y él estaba dispuesto a regalarme un motor Cosworth y en contrapartida ella podría gastar a su gusto la misma cantidad de dinero”, cuenta Berta.

Entonces, ahora sí, inscribió al Berta LR F1 y al “Nene” Veiga en el Gran Premio de Argentina 1975. Días previos al inicio de la actividad, se encontró en el “Coliseo Porteño” con los representantes de algunos equipos que ya habían arribado al país, como Bernie Ecclestone, por aquel entonces dueño de Brabham, equipo en el que corría Carlos Alberto Reutemann. El británico le ofreció traerle un motor desde Inglaterra, cuando fue ahí que Berta entró en razón.
“Antes de contestar me detuve a reflexionar: el motor llegaría a último momento, había que adaptarlo, el chasis apenas estaba probado… Llegué a la conclusión de que estábamos locos, y más loco Scalise que yo, ya que no estaba dispuesto a parar. Me costó hacerle entender por qué lo que intentábamos hacer era una locura. De cualquier manera, jamás olvidaré la grandeza de su gesto”, explicó.
El fin de la historia lo cuenta el propio diseñador: “Así terminó para nosotros la historia del Berta LR F1 y nuestra tentativa de correr con un auto competitivo y completamente argentino. El costo del proyecto fue todo nuestro y con la participación de amigos que contribuyeron con productos o pequeñas sumas de dinero o fabricando algunas piezas. No acepté ningún sponsor porque estaba cansado de las críticas injustas que recibía cuando no obtenía el único resultado que mucha gente acepta: ganar”.