Límite de Pista
Ganadería baja en emisiones: los proyectos argentinos que buscan reducir la huella de carbono
La producción ganadera argentina comenzó a incorporar nuevas herramientas para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero sin resignar productividad. Mejor alimentación, manejo de pasturas, integración con la agricultura y medición de la huella de carbono forman parte de una transformación que también busca mantener abiertas las puertas de los mercados internacionales.
La ganadería ocupa un lugar central en la economía agropecuaria argentina, pero también enfrenta el desafío de reducir su impacto climático. Una de las principales fuentes de emisiones del sector es el metano entérico, generado por los bovinos durante el proceso digestivo. A diferencia del dióxido de carbono, el metano permanece menos tiempo en la atmósfera, aunque tiene un mayor poder de calentamiento durante ese período.
Por eso, productores, investigadores y empresas comenzaron a trabajar en sistemas que permitan producir carne con una menor intensidad de emisiones, es decir, reducir la cantidad de gases emitidos por cada kilo de carne producido.
El enfoque no consiste solamente en disminuir emisiones, sino también en aumentar la eficiencia productiva y mejorar la capacidad de los sistemas ganaderos para capturar carbono en los suelos y las pasturas.
La alimentación, una de las claves
Una de las principales líneas de investigación se concentra en mejorar la calidad de la dieta de los animales. Una alimentación más digestible puede aumentar la eficiencia con la que el bovino transforma el alimento en carne y, al mismo tiempo, disminuir las emisiones de metano por unidad de producto.
El INTA desarrolla diferentes investigaciones sobre esta problemática. Un estudio realizado en la Estación Experimental Agropecuaria Pergamino evaluó la emisión de metano entérico en novillos que pastorearon cultivos de cobertura y pasturas perennes. Los resultados mostraron una reducción de las emisiones de metano asociada con una mayor digestibilidad del forraje.
En paralelo, investigadores argentinos participan de iniciativas internacionales coordinadas bajo lineamientos de la FAO, que analizan prácticas destinadas a reducir las emisiones y mejorar la eficiencia de los sistemas agrícolas y ganaderos. Entre las estrategias estudiadas aparecen los cultivos de cobertura, la incorporación de pasturas y el uso de dietas de diferente calidad.
Integrar agricultura y ganadería
Otra de las estrategias que gana espacio es la integración de ambas actividades. La lógica consiste en aprovechar las sinergias entre cultivos y animales para mejorar el uso de los recursos disponibles.
Un ejemplo es la Chacra Aapresid Sistemas Integrados Agrícola-Ganaderos (SIPAG), que reúne a productores de Buenos Aires, La Pampa y el sur de Córdoba junto con especialistas de universidades, INTA y otros organismos. El proyecto busca desarrollar sistemas que combinen productividad, eficiencia y sustentabilidad.
La incorporación de pasturas y cultivos de cobertura permite, además, mantener el suelo cubierto durante una mayor parte del año, mejorar su estructura y aportar materia orgánica. Esto abre la posibilidad de complementar la medición de emisiones ganaderas con el análisis del carbono almacenado en el sistema productivo.
Medir la huella para demostrar resultados
Uno de los principales desafíos para la ganadería sostenible es pasar de las declaraciones generales a indicadores verificables.
En los últimos años crecieron los proyectos destinados a medir las emisiones y el balance de carbono de los establecimientos. Aapresid, por ejemplo, desarrolló una Red de Carbono que cuantificó la huella de carbono de sistemas productivos durante las campañas 2021/22, 2022/23 y 2023/24, sobre una superficie promedio de unas 40.000 hectáreas.
La medición resulta cada vez más importante porque los compradores internacionales demandan información sobre el origen de los alimentos, las prácticas productivas y el impacto ambiental de las cadenas de suministro.
De desafío ambiental a oportunidad comercial
La reducción de emisiones también puede convertirse en una ventaja competitiva para la carne argentina. Los mercados internacionales avanzan hacia mayores exigencias de trazabilidad ambiental y criterios vinculados con deforestación, biodiversidad y emisiones.
Para los productores, esto genera un incentivo adicional: mejorar la eficiencia productiva puede significar producir más carne utilizando mejor los recursos y, al mismo tiempo, reducir la intensidad de emisiones.
Sin embargo, todavía existen obstáculos. Medir la huella de carbono requiere información, tecnología y metodologías confiables, mientras que muchas prácticas de mitigación necesitan inversiones y conocimientos técnicos. Además, todavía se debate cómo valorar económicamente el carbono almacenado en suelos y vegetación.
Una transformación que recién comienza
La ganadería argentina tiene por delante el desafío de demostrar que puede reducir su impacto ambiental sin perder competitividad. Para lograrlo, los proyectos de investigación y las experiencias de productores apuntan a una combinación de mejor alimentación, manejo eficiente de pasturas, integración agrícola-ganadera, conservación de suelos y medición de emisiones.
El objetivo ya no pasa solamente por producir carne, sino por conocer cuánto impacto genera cada kilo producido y cómo puede reducirse. En un mercado internacional cada vez más atento a la huella ambiental de los alimentos, esa información puede convertirse en un activo estratégico para la ganadería argentina.
