Límite de Pista
Qué tecnologías permiten ahorrar agua en la industria argentina
El agua dejó de ser un recurso invisible dentro de las fábricas y pasó a ocupar un lugar estratégico en la gestión de costos. Sistemas de recirculación, sensores, tratamiento de efluentes, membranas y monitoreo digital permiten reducir el consumo y reutilizar agua en distintos procesos industriales. En Argentina, el INTI trabaja con empresas para acelerar la incorporación de estas tecnologías.
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La industria utiliza agua en múltiples etapas de sus procesos: como materia prima, refrigerante, elemento de limpieza, transporte de materiales o componente de diferentes productos. En un escenario marcado por períodos de sequía y mayores exigencias ambientales, reducir el consumo de agua comienza a ser también una decisión económica.
La estrategia ya no consiste únicamente en utilizar menos, sino en conocer dónde se consume, detectar pérdidas, tratar los efluentes y volver a utilizar el recurso siempre que la calidad requerida por el proceso lo permita.
El INTI cuenta con programas específicos destinados al desarrollo y aplicación de tecnologías para el tratamiento de aguas y efluentes industriales, además de brindar asistencia técnica para implementar sistemas de uso eficiente del recurso.
Sensores para saber dónde se gasta el agua
Uno de los primeros pasos hacia una industria más eficiente consiste en medir el consumo en tiempo real. Caudalímetros, sensores de presión, medidores de nivel y sistemas de monitoreo permiten conocer cuánto líquido ingresa a cada sector de una planta y cuánto se utiliza en cada etapa.
Esta información puede integrarse con plataformas digitales de gestión industrial para detectar consumos anormales, pérdidas o cambios en el comportamiento de una línea de producción.
El concepto forma parte de la denominada Industria 4.0, que combina sensores, conectividad, análisis de datos y automatización para optimizar los procesos productivos. El INTI destaca que estas herramientas permiten acceder a información en tiempo real y mejorar la productividad y los costos.
Recircular en lugar de descartar
Una de las tecnologías con mayor potencial es la recirculación de agua. El principio consiste en tratar el líquido utilizado en una determinada operación para devolverlo al proceso o destinarlo a otra actividad que requiera una calidad inferior.
Un ejemplo argentino surgió en Córdoba, donde especialistas del INTI desarrollaron junto con la empresa InWash un sistema automático para tratar los efluentes de lavaderos de automóviles y obtener agua con calidad suficiente para volver a utilizarla. El proyecto buscó reducir el consumo y crear un circuito de recirculación.
En la industria vitivinícola de Mendoza también se implementaron estrategias para reutilizar soluciones utilizadas en la limpieza de tanques, reducir la carga contaminante de los efluentes y mejorar la eficiencia del agua utilizada durante la elaboración.
Membranas y tratamiento avanzado
Cuando el agua necesita alcanzar una calidad mayor para poder ser reutilizada, aparecen tecnologías como la ultrafiltración, microfiltración, nanofiltración y ósmosis inversa.
Estos sistemas utilizan membranas capaces de retener sólidos, microorganismos y distintos contaminantes. Los biorreactores de membrana, por ejemplo, combinan tratamiento biológico con separación mediante membranas y pueden generar un efluente de alta calidad, potencialmente reutilizable después del tratamiento correspondiente.
La elección de una tecnología depende de las características del efluente, el volumen tratado, la calidad de agua necesaria y los costos de operación. Por eso, no existe una única solución tecnológica para todas las industrias.
Tratar el efluente para recuperar un recurso
Otra estrategia consiste en mejorar el tratamiento de los líquidos residuales para que puedan volver al circuito productivo o utilizarse en actividades que no requieren agua potable.
El INTI trabaja con industrias de distintos sectores en el diseño y puesta en marcha de plantas de tratamiento de aguas y efluentes, además de realizar análisis para determinar parámetros como DBO, DQO, sólidos suspendidos, fósforo y otros indicadores de calidad.
La información obtenida permite determinar qué tratamiento resulta necesario y evitar tanto la descarga de contaminantes como el desperdicio de agua potencialmente recuperable.
El desafío: invertir para ahorrar
La incorporación de estas tecnologías requiere inversiones iniciales, capacitación y mantenimiento. Para una pyme, instalar sensores, sistemas de tratamiento o equipos de filtración puede representar un desembolso significativo.
Sin embargo, el ahorro acumulado de agua, energía, productos químicos y costos asociados al tratamiento de efluentes puede mejorar la rentabilidad del proyecto. Además, una menor dependencia del abastecimiento externo reduce la vulnerabilidad de las plantas ubicadas en regiones con estrés hídrico.
El desafío argentino consiste en acelerar esa transición y adaptar las soluciones a las necesidades de cada sector productivo. La tecnología ya permite medir, tratar y reutilizar buena parte del agua utilizada por la industria. El próximo paso será convertir esas herramientas en una práctica habitual.
En un contexto donde el agua adquiere cada vez mayor valor estratégico, la fábrica del futuro no será necesariamente la que consuma más agua, sino la que consiga aprovecharla varias veces antes de devolverla al ambiente.
