Argentinos en el exterior
A tres años de la histórica Indy500 de Agustín Canapino: la carrera que volvió a emocionar al automovilismo argentino
El 28 de mayo de 2023, Agustín Canapino volvió a poner a la Argentina en la grilla de las 500 Millas de Indianápolis después de 83 años. Lo que parecía una aventura imposible terminó transformándose en una de las gestas más emotivas y recordadas del automovilismo nacional moderno.
Hay carreras que se ganan con un trofeo. Y hay otras que quedan para siempre mucho más allá del resultado final. La primera participación de Agustín Canapino en las 500 Millas de Indianápolis pertenece a ese segundo grupo.
Este jueves 28 de mayo se cumplen tres años de aquel día que paralizó al automovilismo argentino. Tres años desde que un piloto formado íntegramente en las categorías nacionales se animó a enfrentar uno de los desafíos más extremos del planeta: correr a más de 370 km/h en un óvalo, sin experiencia previa, contra algunos de los mejores especialistas del mundo.
Y no solamente se animó. También estuvo a la altura.

La historia tenía un peso enorme detrás. Desde la participación de Raúl Riganti en 1940, ningún argentino había vuelto a largar las míticas Indy500. Pasaron 83 años hasta que Canapino rompió esa sequía y devolvió la bandera argentina a una de las competencias más importantes del automovilismo mundial.
Pero lo más impactante no fue solamente estar ahí.
Lo verdaderamente conmovedor fue cómo llegó.
Mientras gran parte del ambiente internacional miraba con desconfianza a aquel multicampeón de Turismo Carretera y TC2000, Canapino fue derribando prejuicios sesión tras sesión. Sin pasado en fórmulas, sin experiencia en óvalos y con 33 años, hizo algo que muchos consideraban imposible.
Clasificó 26° con un promedio de 231.320 mph y evitó sin sobresaltos la peligrosa zona de repechaje. Ya eso representaba un logro enorme. Sin embargo, el domingo de carrera terminaría construyendo algo todavía más grande.
Con inteligencia, paciencia y un ritmo sorprendentemente competitivo, el arrecifeño comenzó a avanzar en silencio en medio del caos de Indianápolis. Administró neumáticos, ejecutó una estrategia impecable junto a Juncos Hollinger Racing y llegó a aparecer tercero en el clasificador oficial cerca de la vuelta 180, mientras estiraba su detención en boxes.
Aunque esa posición era virtual, porque todavía debía parar, el impacto ya estaba hecho. Argentina volvía a ilusionarse con Indianápolis.
Y no era una ilusión vacía.
En el relanzamiento de la vuelta 192, Canapino estaba 12°, metido de lleno en la pelea por el Top 10 de las Indy500 en su debut absoluto. Una locura deportiva difícil de dimensionar incluso hoy.
El final, sin embargo, fue cruel.
Apenas dos vueltas después, un accidente múltiple desencadenado tras los toques entre Scott McLaughlin, Simon Pagenaud y Pato O’Ward terminó arruinando su carrera. En el intento por esquivar el caos, Canapino pisó el pasto, perdió el control y dañó la suspensión delantera de su auto. Ya sin dirección ni frenos, impactó contra el auto detenido del mexicano y quedó oficialmente clasificado en el puesto 27.
Pero para ese momento, el resultado ya era anecdótico.

Porque aquella tarde no terminó naciendo solamente un piloto competitivo en IndyCar. También volvió a encenderse algo que el automovilismo argentino parecía haber perdido hacía décadas: la sensación de pertenecer otra vez a la elite internacional.
La patriada encabezada por Ricardo Juncos y el propio Canapino logró algo que parecía imposible. Miles de argentinos volvieron a levantarse temprano, a seguir una clasificación de IndyCar, a aprender estrategias, a emocionarse con Indianápolis y a sentir que había un representante propio peleando contra el mundo
Tres años después, aquella carrera sigue generando exactamente lo mismo.
Orgullo. Emoción. Y la certeza de que, durante algunas horas, todo un país volvió a soñar a 380 kilómetros por hora.