Turismo Carretera
De ver el TC en la tribuna a cumplir el sueño del pibe: manejar los autos que quedaron en la historia
Matías Ciardullo tiene 23 años y una historia particular: pasó de mirar el Turismo Carretera desde la tribuna a trabajar en el Museo del TC y tener la responsabilidad de mantener en funcionamiento y probar en pista algunos de los autos que hicieron historia en la categoría.
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Hay sueños que empiezan mucho antes de que uno se dé cuenta de que algún día pueden hacerse realidad. Para Matías Ciardullo, todo comenzó desde una tribuna, mirando pasar los autos del Turismo Carretera y sintiendo la misma pasión que atraviesa a tantas generaciones. A los 23 años, aquella pasión dejó de tenerlo como espectador y lo llevó al otro lado del alambrado: hoy trabaja en el Museo del Turismo Carretera, donde junto a su papá mantiene en funcionamiento más de un centenar de autos históricos y, además, tiene el privilegio de ponerlos nuevamente en pista.
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“Arranqué a trabajar en el Museo del Turismo de Carretera el 15 de noviembre de 2023. Vengo de una familia fierrera, fanática del Turismo Carretera y del automovilismo en general. En el museo trabajo con mi papá codo a codo. Luego de ir durante muchos años y fines de semana al autódromo a ver diferentes categorías, pasamos de ser simples espectadores a poder cumplir, como muchos me dicen, el sueño del pibe”, contó Matías.
El camino hasta llegar al museo estuvo marcado por años de colaborar, siempre por pasión y sin fines de lucro, con pilotos y equipos de distintas categorías nacionales y zonales. Hasta que apareció una oportunidad inesperada que cambió su vida.
“Nos dijeron que querían que fuéramos las personas encargadas de mantener los autos en funcionamiento del Turismo Carretera. Sin dudarlo, sin saber cuál era el proyecto, dijimos que sí. Dejamos todo lo que estábamos haciendo y nos tiramos al lance. Estas oportunidades se presentan una sola vez y no la vamos a desaprovechar”, explicó.
Desde entonces, su lugar de trabajo se transformó también en un lugar de ensueño. “Despertar todas las mañanas, entrar al museo y ver todos los autos que algún día nos hicieron felices y saber que su funcionamiento depende de nosotros no lo cambio por nada. Llegar, tomar unos mates al lado de la Chevy de Canapino o de la Dodge de Fontana es un sueño”, relató.
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Pero detrás de ese sueño existe un enorme trabajo. Mantener en actividad más de 100 autos históricos requiere mucho más que simplemente encenderlos y llevarlos a la pista.
“Nuestra tarea es mantener vivo el patrimonio histórico del automovilismo. Nos encargamos del mantenimiento en general: desarmar un motor si lo amerita, una caja si está en mal estado, cambiar embragues, cubiertas, amortiguadores, jugar con la altura y los setups y, como frutillita del postre, probar el funcionamiento de los autos en pista”, detalló Ciardullo.
El trabajo puede llevar semanas. “Mucha gente piensa que les ponemos nafta, conectamos la batería y los autos salen, pero no es así. Un auto del museo nos lleva alrededor de 15 o 20 días para hacerle el trabajo entero de punta a punta. Si falta alguna pieza, se puede estirar hasta un mes”.
Para Matías, además, existe un objetivo detrás de todo ese esfuerzo: demostrar que aquellos autos que hicieron vibrar a miles de fanáticos siguen vivos.
“Busco que se sepa que los autos que tan feliz hicieron al público hoy siguen en mantenimiento, siguen en funcionamiento y siguen girando en pista. No están perdidos en un galpón o en un granero, abandonados y oxidados. Nosotros amamos todos los autos que tenemos en el museo y dejamos la vida para dejarlos funcionales y hermosos como alguna vez se vieron”, sostuvo.
y agregó: “Estar al volante de los autos es algo único e irrepetible. Tomo con mucha responsabilidad la oportunidad y la confianza que me dieron. Sé cuáles son mis límites y cuánto cuido mi trabajo y los autos”, aseguró.
La primera vez que salió a pista fue con una Chevy que quedó en la historia del TC: “Fue la de Ortelli, la campeona 2008, la roja de Firestone. Los nervios y esa mezcla de sensaciones no me los olvido más. Después de terminar la vuelta y entrar a boxes, te olvidás todo lo que hiciste. Pasa demasiado rápido subirte a un auto de carrera”.
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Por último, manifestó: “Amamos ir a las carreras, amamos el autódromo de La Plata y amamos trabajar en el museo. Si es por nosotros, iríamos con autos del museo siguiendo al TC a todas las carreras. Hace poco viajamos al Cabalén y llevamos cinco o seis autos del museo. Lo disfrutamos como nunca. Si es por nosotros, iríamos a todas las carreras del calendario”.
Porque algunos sueños no llegan enseguida y tardan en cumplirse. Primero se miran desde una tribuna. Después se trabajan durante años. Y, alguna vez, pueden terminar con uno sentado al volante de aquel auto que alguna vez vio pasar a toda velocidad frente a sus ojos.