Opinión
En la Fórmula 1 también hay que saber equivocarse
En Bakú falló Franco Colapinto. En Sepang, Alpine. Dos errores diferentes que terminaron costando puntos importantes en la pelea contra Racing Bulls. Pero el verdadero desafío para un equipo que pretende seguir creciendo no es evitar para siempre las equivocaciones, sino aprender de ellas.
Una semana atrás, después del Gran Premio de Azerbaiyán, la cuestión estaba bastante clara. Franco Colapinto se había equivocado. Había cometido un error importante, había perjudicado a otros pilotos y también a su propio equipo. No había demasiado para disfrazar ni necesidad de buscar excusas. Tocaba asumirlo, aprender y seguir.

En Sepang ocurrió algo bastante parecido, aunque esta vez el error no estuvo dentro del auto. Alpine tenía a Pierre Gasly largando noveno en una carrera que comenzaba con la pista mojada y a Franco Colapinto 21°, arrastrando 15 puestos de penalización (cinco por el incidente de Bakú y las restantes por cambios en la unidad de potencia de su auto). Sin embargo, decidió mandar a sus dos pilotos a la largada con neumáticos para piso seco.

La apuesta salió mal. Y probablemente allí esté la parte más interesante de estas dos últimas carreras de Alpine. Porque la Fórmula 1 suele analizar a los pilotos con una crueldad que pocas veces utiliza para evaluar al resto de los protagonistas. Cuando un piloto frena tarde, se pasa, toca a otro auto o termina contra una pared, el error queda a la vista de millones de personas. No necesita explicación. Está ahí, repetido desde diez cámaras y en cámara lenta.
Cuando el que se equivoca es un equipo, la cuestión suele quedar escondida entre simulaciones, probabilidades, modelos meteorológicos, decisiones estratégicas y explicaciones técnicas. Pero sigue siendo un error.
Y Alpine lo reconoció después de la carrera, como también lo hizo el propio Colapinto después de la macana en Azerbaiyán. Flavio Briatore admitió que no habían tomado las decisiones correctas ni realizado un trabajo suficientemente bueno como equipo. Pierre Gasly también reconoció que la apuesta no había funcionado. Hasta Franco habló de una decisión que, vista después de la carrera, evidentemente no había sido la correcta.
Con Colapinto, jugársela tenía sentido. Largando 21°, había muchísimo para ganar y prácticamente nada para perder. Si la pista se secaba rápidamente, Franco podía encontrarse de golpe varios lugares más adelante sin haber adelantado a nadie. No ocurrió y terminó 13° después de una carrera en la que al menos pudo recuperar parte del terreno perdido.
Lo de Gasly era distinto. Partía noveno. Estaba en zona de puntos antes de que se largara la carrera. En ese escenario, quizás la prioridad no debía ser intentar ganar cinco lugares con una genialidad estratégica, sino asegurarse primero de no perder los que ya tenía.
Las gomas para lluvia parecían la elección lógica para proteger esa posición y esperar tranquilamente el momento en que la pista permitiera pasar a los slicks. Mercedes, por ejemplo, largó con intermedias y sus dos autos saltaron inmediatamente a los dos primeros lugares.
Alpine eligió otra cosa. Gasly tuvo problemas incluso antes de la largada definitiva intentando mantener su auto sobre una pista demasiado húmeda para las gomas que llevaba y terminó 16°. Después hubo cuatro detenciones en boxes, cambios de estrategia y distintas maniobras para intentar recuperar aquello que se había perdido en los primeros metros.
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Nada funcionó. ¿Significa eso que Alpine tiene un pésimo equipo de estrategia? No. Del mismo modo que el accidente de Bakú tampoco convertía a Colapinto en un mal piloto.
Ese es justamente el punto. La Fórmula 1 es un deporte en el que todos se equivocan. Los pilotos, los ingenieros, los estrategas, los mecánicos y quienes están sentados frente a decenas de pantallas tomando decisiones con información que cambia segundo a segundo.
La diferencia la establece lo que ocurre después. Colapinto llegó a Sepang con la obligación de dejar atrás Bakú y lo hizo. No intentó correr desesperadamente para demostrar nada, no quiso recuperar veinte lugares en tres curvas ni convirtió la necesidad de revancha en otro problema. Hizo una carrera lógica desde el lugar que le había tocado ocupar.
Ahora le toca a Alpine hacer exactamente lo mismo. Porque las equivocaciones de estas dos carreras tuvieron un costo: ningún punto. Para colmo, Racing Bulls colocó nuevamente sus dos autos en el Top 10 y amplió la diferencia en la pelea por el quinto lugar de la Copa de Constructores. Después de Sepang, Racing Bulls tiene 22 unidades de ventaja sobre Alpine.
La diferencia es grande, más cuando los Mercedes, Red Bull, Ferrari y McLaren suelen ocupar los ocho primeros puestos. Pero eso tampoco deberían cambiar la opinión sobre lo que está haciendo Alpine en 2026.
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Hace un año este equipo estaba último. Hoy discute por ser el mejor del resto. Pasó de preguntarse cómo salir del fondo a mirar cada domingo qué hizo Racing Bulls. Eso es progreso.
No hace falta maquillar los errores para reconocerlo. Quizás esa sea, justamente, una de las mejores señales del crecimiento de Alpine. Ahora las equivocaciones duelen porque hay algo importante en juego. Una mala estrategia ya no significa terminar 17° en lugar de 18°. Puede significar perder puntos, posiciones en el campeonato y oportunidades frente a un rival directo. Es otro problema. Bastante más lindo que el que tenía hace doce meses.
Alpine todavía puede terminar quinto. También puede terminar sexto. Y probablemente dentro de algunos años nadie recuerde demasiado cuál de esas dos posiciones ocupó finalmente en el Mundial 2026. Lo verdaderamente importante está un poco más adelante.
Este año debería servir para aprender a competir nuevamente en la zona media, acostumbrarse a sumar puntos con los dos autos, ejecutar mejor los fines de semana y convertir las oportunidades en resultados. Porque si el proyecto realmente pretende dar otro salto en 2027, esas carreras que hoy cuestan un quinto puesto algún día pueden costar un podio, una victoria o algo todavía más grande.
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Por eso Bakú y Sepang podrían terminar siendo dos buenas lecciones. En una se equivocó Colapinto. En la otra se equivocó Alpine. No hay que esconder ninguna de las dos. Porque crecer también consiste en eso: equivocarse cada vez menos, aprender cada vez más rápido y conseguir que el próximo error no sea el mismo que el anterior.
Alpine salió del fondo para volver a pelear. Ahora tiene que aprender a hacerlo como un equipo que quiere dejar definitivamente de mirar hacia atrás.