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F1: Alpine y el miedo a los fantasmas de 2025

El Gran Premio de Austria de Fórmula 1 dejó algo más que un mal resultado para el equipo de Franco Colapinto. ¿Fue apenas un tropiezo o el regreso de viejos problemas?

F1: Alpine y el miedo a los fantasmas de 2025
F1: Alpine y el miedo a los fantasmas de 2025

Alpine no perdió el rumbo en Austria por una mala estrategia, por una largada floja o por un error aislado. Eso sería demasiado cómodo. Lo que pasó en el Red Bull Ring fue más profundo: el equipo francés llegó con mejoras, expectativas y cierto impulso competitivo, pero se encontró con un auto sin ritmo, sin equilibrio y sin respuestas claras.

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Por eso el Gran Premio de Austria tuvo olor a pasado. No al pasado glorioso de Renault, ni a los días en los que Enstone podía presumir de músculo técnico. El recuerdo fue bastante menos romántico: el de aquel Alpine de 2025 que sufría los fines de semana, que dependía más de la confusión ajena que de sus propias virtudes y que muchas veces quedaba condenado a correr lejos de la zona de puntos.

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La temporada 2026 había empezado a construir otra historia. Con una nueva reglamentación, Alpine parecía haber encontrado una base más competitiva. No para mirar de igual a igual a los grandes, pero sí para instalarse en esa pelea clave del medio pelotón: ser el mejor del resto. En ese contexto, Franco Colapinto y Pierre Gasly habían logrado sumar señales positivas, puntos y, sobre todo, cierta sensación de progreso. Pero  Austria rompió esa línea.

El equipo llevó a Spielberg un paquete de actualizaciones que tenía como pieza central un nuevo alerón delantero. Era una evolución esperada, pensada para mejorar el comportamiento del A526, especialmente en curvas de media y alta velocidad. Sin embargo, el resultado fue el contrario al deseado: el auto nunca terminó de entrar en ventana y el fin de semana se transformó en una búsqueda permanente.

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Colapinto lo explicó sin vueltas durante el viernes: el ala nueva no había generado la diferencia esperada. Incluso al comparar con la versión anterior, el salto no apareció. Esa es una alarma grande en Fórmula 1. Porque una actualización que no entrega rendimiento no solo no ayuda: también desordena el trabajo, obliga a revisar la correlación de datos y puede sembrar dudas dentro del box.

En el caso del argentino, el problema fue todavía más visible. El auto se sintió desconectado, imprevisible, con respuestas distintas entre curvas lentas y rápidas. Para un piloto, eso es veneno puro. Sin confianza en el balance, cada vuelta se convierte en una negociación. Se puede manejar así, claro. Lo hacen los buenos pilotos. Pero no se puede atacar de verdad.

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El sábado dejó una fotografía bastante precisa. Gasly logró avanzar hasta el 11° lugar en clasificación y quedó a apenas 40 milésimas de entrar a la Q3. Colapinto, en cambio, quedó 16° después de cometer un error en la curva 1 en su intento decisivo de Q2. El error existió y no hay que esconderlo. Pero tampoco puede separarse del contexto: Franco estaba empujando un auto que no le daba una plataforma estable.

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El domingo terminó de confirmar que el problema no era solo de un lado del box. Gasly, que largaba 11° y estaba en la puerta de los puntos, finalizó 13°. Colapinto, que partía 16°, terminó 15°. Alpine se fue de Austria sin unidades por primera vez en la temporada. Y lo más preocupante fue que nunca pareció tener ritmo real para pelear.

Los dos pilotos sufrieron una mala largada por falta de “boost”, un problema que el propio equipo reconoció como llamativo porque las salidas venían siendo uno de sus puntos fuertes. Después apareció la degradación, especialmente en el tren trasero, y un ritmo que caía con fuerza a medida que avanzaban los stints. Colapinto tuvo algunos pasajes aceptables con neumático duro, pero desde tan atrás y con un auto tan limitado, eso apenas alcanzó para sobrevivir.

La frase más importante del fin de semana no fue de Franco ni de Gasly. Fue de Steve Nielsen, director general de Alpine, cuando admitió que la evaluación honesta era que al equipo le había faltado ritmo para competir y que no había estado en posición de pelear por puntos. También marcó una idea clave: Alpine debe asegurarse de que esto haya sido un tropiezo y no una tendencia. Ahí está el verdadero punto.

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Un mal Gran Premio lo tiene cualquiera. Incluso los equipos grandes atraviesan fines de semana torcidos. El problema para Alpine es que Austria tocó una fibra sensible. Porque no fue una carrera en la que faltaron dos décimas para sumar. Fue un fin de semana en el que el equipo quedó lejos, confundido y superado por Racing Bulls, su rival directo en esa pelea del segundo pelotón.

Y cuando Racing Bulls mete a sus dos autos en los puntos mientras Alpine termina 13° y 15°, la lectura deja de ser anecdótica. Es competitiva.. Es técnica. Es de campeonato.

Para Colapinto, Austria fue una carrera incómoda, de esas que no lucen en ninguna estadística pero sirven para medir carácter. Tuvo que convivir con un auto difícil, una clasificación frustrante y una carrera condicionada desde la largada. No fue su mejor fin de semana, pero tampoco fue un fin de semana que permita hacer una sentencia individual. El problema mayor fue colectivo.

Gasly terminó delante, sí. Ejecutó mejor el sábado, también. Pero si el piloto más experimentado del equipo larga cerca de los puntos y termina fuera de toda discusión real, entonces el foco no puede quedar puesto únicamente en la comparación interna. La pregunta grande es otra: ¿qué le pasó a Alpine?

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Silverstone aparece ahora como una carrera clave. No porque vaya a definir la temporada, sino porque puede empezar a responder si Austria fue un accidente de pista, calor y configuración, o si el nuevo paquete no está entregando lo que el equipo esperaba. Enstone necesita una reacción rápida. No necesariamente espectacular, pero sí clara.

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Alpine no puede permitirse que el recuerdo de 2025 vuelva a instalarse en el paddock. La Fórmula 1 es cruel con los equipos que dudan. Un fin de semana malo se perdona. Dos empiezan a marcar tendencia. Tres ya son diagnóstico.

Austria dejó a Alpine frente al espejo. Y el reflejo no fue agradable. El equipo que venía creciendo volvió a parecer perdido. El auto que prometía consolidar una evolución terminó mostrando viejos vicios. Y Colapinto, que necesita fines de semana limpios para seguir construyendo su lugar, quedó atrapado en una carrera que tuvo más resistencia que ataque.

La buena noticia para Alpine es que el calendario no da tiempo para dramatizar. La mala es exactamente la misma: Silverstone llega ya. Y ahí, más que explicar lo que pasó en Austria, Alpine tendrá que demostrar que de verdad fue apenas un viaje al pasado. No el comienzo de una recaída.

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