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Salud y bienestar: ¿Cómo adaptar tu dieta para recibir al otoño con energía?

El cambio de estación exige una transformación en nuestra alacena. Con la llegada de los primeros frescos, el cuerpo pide alimentos que aporten calor, vitaminas específicas y refuercen las defensas. Descubrí los superalimentos de temporada que no pueden faltar en tu mesa.

Salud y bienestar: ¿Cómo adaptar tu dieta para recibir al otoño con energía?
Salud y bienestar: ¿Cómo adaptar tu dieta para recibir al otoño con energía?

El otoño no es solo una transición visual de hojas secas y atardeceres anaranjados; es un desafío biológico para nuestro organismo. Tras los meses de verano, donde predominan las comidas ligeras, las frutas con mucha agua y las bebidas frías, el descenso de la temperatura y la reducción de las horas de luz solar nos obligan a recalibrar nuestra nutrición. No se trata solo de comer más, sino de comer de forma más inteligente para evitar el cansancio estacional y los cuadros gripales.

La regla del color: Naranjas, rojos y amarillos

La naturaleza es sabia y nos ofrece exactamente lo que necesitamos. Las frutas y verduras de estación otoñal se caracterizan por sus tonos intensos, señal de una alta concentración de betacarotenos y vitamina A.

  • Calabaza y Zapallo: Son los reyes de la temporada. Su versatilidad permite desde sopas cremosas hasta purés o cubos asados. Son bajos en calorías pero altamente saciantes y fundamentales para mantener la salud de las mucosas respiratorias.

  • Zanahorias y Batatas: Aportan carbohidratos de absorción lenta, ideales para mantener la energía estable cuando el frío empieza a calar hondo.

  • Cítricos (Pomelo, Mandarina, Naranja): Aunque asociamos la Vitamina C con el invierno, el otoño es el momento de empezar a construir esa barrera protectora. Una mandarina a media mañana es el snack perfecto para el sistema inmune.

El regreso de la "comida de olla" (versión saludable)

El otoño marca el regreso triunfal de las legumbres. Lentejas, garbanzos y porotos son fuentes excepcionales de hierro y proteínas vegetales. La clave para que sigan siendo "sanas" es evitar los embutidos grasos (como el chorizo colorado) y reemplazarlos por una base de vegetales (sofrito de cebolla, morrón y puerro) y especias termogénicas como el jengibre o la cúrcuma, que ayudan a elevar la temperatura corporal de forma natural.

Frutos secos: Pequeñas bombas de energía

Con menos horas de sol, es común sentir una leve caída en el ánimo (astenia otoñal). Las nueces, almendras y castañas son ricas en magnesio y ácidos grasos Omega-3, aliados críticos para la salud cerebral y la regulación del humor. Un puñado diario es suficiente para obtener grasas saludables que protegen el corazón y dan energía duradera.

Hidratación: El peligro de la falta de sed

Uno de los mayores errores en otoño es dejar de beber agua porque ya no sentimos calor. El aire de esta época suele ser más seco, lo que deshidrata la piel y las vías aéreas. Si el agua fría te cuesta, es el momento ideal para las infusiones: té verde, de tilo o simplemente agua tibia con rodajas de limón. Las sopas caseras (no las de sobre, que están cargadas de sodio) son otra excelente forma de hidratar y nutrir al mismo tiempo.

El rol de los probióticos

El 70% de nuestro sistema inmune reside en el intestino. Para enfrentar los virus estacionales, es vital consumir alimentos que cuiden nuestra microbiota. El yogur natural, el kéfir o el chucrut son excelentes opciones para incorporar en el desayuno o como guarnición, asegurando que nuestras "defensas naturales" estén alerta.

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