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El escándalo de Dallas 1984: “La parodia de un Gran Premio de Fórmula 1”
Pistas rotas, desmayos, graves accidentes y protestas: todo lo que originó el improvisado Gran Premio de Dallas de la Fórmula 1 1984 motivado por un millonario capricho. Conocé la historia en la siguiente nota.
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Corría el año 1984 y (también) en aquellos tiempos el dinero todo lo podía . Más aún en la Fórmula 1, que por aquel entonces tenía a Bernie Ecclestone como máximo mandatario comercial. La categoría venía de dos episodios bochornosos como lo fueron las definiciones de 1981 y 1982 en un trazado armado en el estacionamiento del hotel Caesars Palace en Las Vegas, la primera de estas muy recordada en al ámbito nacional puesto que fue cuando Carlos Alberto Reutemann quedó a un paso de salir campeón.
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Al empresario británico le llegó una jugosa oferta por parte de Donald R. Walker, un promotor texano empecinado con que la categoría más prestigiosa del automovilismo mundial corra en Dallas, idea que solamente podía llevarse a la práctica con Ecclestone a la cabeza, y así fue. Con un fuerte respaldo local y mucho dinero de por medio, se añadió al calendario el “Gran Premio de Dallas de F1”, el décimo en albergar una cita de la “Máxima” en Estados Unidos.
El mismo costó aproximadamente 10 millones de dólares y se llevó a cabo en un improvisado circuito callejero, comprendido entonces por una “pista” en pésimas condiciones que padeció la agresividad de los veloces monopostos, algo que los pilotos advirtieron ni bien llegaron al trazado. Baches, curvas ciegas y ausencia de vías de escape fue algo de lo que denunciaron los protagonistas de aquel entonces como Alain Prost, Ayrton Senna, Niki Lauda y Nelson Piquet.
Es que las condiciones de pista fueron, paradójicamente, el punto más flojo de aquella cita, ya que en el país norteamericano prima el entretenimiento y aquella oportunidad no fue la excepción: Alfa Romeo y Benetton colaboraron con la organización de una fiesta a puro glamour en la previa del fin de semana que intentaba enmascarar el papelón que se avecinaba.
No obstante, el ambiente se caldeó rápidamente. En los boxes indicaban que el asfalto podía levantarse hasta con la mano. Claro, el evento se desarrolló en pleno julio, bajo unos agobiantes 40 grados (66 en pista) del verano local, con mucha humedad y en una zona muy árida. El débil y para nada calificado asfalto se fue degradando con cada salida a pista. El primero en padecerlo, Martin Brundle, que chocó contra un muro al momento de clasificar y sufrió fracturas en ambos pies con las que sigue lidiando a día de hoy.
“Es obvio: la organización pensaba que su trabajo era solo encerrar entre muros de hormigón un trozo de campo”, indicó Prost, el primero en disparar. Detrás de él salió Keke Rosberg: “El circuito es asquerosamente malo, el peor que vi en mi vida”, mientras que Nigel Mansell añadió: “Este es el lugar más difícil en el que estuve, sin duda. Por primera vez en mi carrera como piloto de F1 tengo ampollas en mis manos. Es un circuito muy incómodo por sus baches”.
Así y todo, la voz de los que saben nada pudo hacer contra las 90.000 entradas ya vendidas. El show debía continuar, pero era imposible en esas condiciones. Entonces, otra desprolijidad; la carrera se adelantó tres horas para evitar las fuertes temperaturas, por lo que el warm-up se pasó a las 07.00 AM. Jacques Laffite (Williams) se presentó al circuito en pijama a modo de protesta, pero para colmo esta prueba de 30 minutos se canceló porque aún había máquinas reasfaltando el trazado, labor que habían comenzado el sábado por la noche.
Pese al desprolijo y repentino cambio de horario, la organización no logró evadir las altas temperaturas y los violentos rayos de sol que agresivamente penetraron la recta principal. Todo eso trajo consigo una serie de episodios propios de un malabar semejante; a Piercarlo Ghinzani le tiraron un balde de agua fría para refrescarlo cuando entró en los boxes y, más tarde, 18 de los 26 corredores abandonaron por diversos problemas. Entre ellos, el debutante Senna al comando de su Toleman por un choque en la vuelta 47°
“Pensé que me lo decía en chiste, pero es verdad, la pared se había movido. Lo que sucedió fue que alguien antes golpeó el extremo del bloque de concreto y lo movió unos pocos milímetros, unos diez diría. Como Ayrton conducía con tanta precisión esos pocos milímetros fueron suficientes para que golpeara contra el muro”, explicó su ingeniero Pat Symonds.
Finalmente, el triunfo fue para Rosberg, que había partido desde la 8° colocación y le dio a la combinación Williams-Honda su bautismo triunfal en la “Máxima”. Los motores japoneses no ganaban desde su segunda victoria como equipo propio en 1967. Luego llegarían los años dorados de McLaren y, más tarde, los de Red Bull. Pero, ¿y el poleman Mansell?.
Él fue el encargado de protagonizar la escena que resume gráficamente a la perfección lo que fue ese improvisado Gran Premio. A quien fuera campeón del mundo en 1992 se le paró el motor a unos metros de la meta. Eso no frenó su voluntad de querer completar la carrera, por lo que bajó y empezó a empujar su auto (algo que no está permitido) sobre el ardiente asfalto. Exhausto y deshidratado, se desmayó justo al cruzar la meta. “Estaba tan enojado que seguí empujando el auto. Luego se apagaron las luces y me desperté en el hospital, en una cama llena de hielo”, relató años más tarde.
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La frase de Prost una vez apagados los motores condenó el futuro del circuito, que nunca más volvió a recibir a la Fórmula 1: “No fue una carrera, de ninguna manera. En el mejor de los casos, fue una parodia de Gran Premio”. Por su parte, Ecclestone logró desviar la atención y el escándalo de Dallas sólo quedó en el recuerdo, mientras que el promotor del Gran Premio, Walker, cayó preso días más tarde por fraude fiscal.